| Los Lobos del Centeno, una novela entre la tradición y la ciencia. |
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| Lunes, 27 de Julio de 2009 08:30 |
La presentación de esta obra tuvo lugar en la cueva de La librería Hojablanca (Toledo), de la que extraemos la siguiente crónica. Sobre el autor:
Ya prepara una segunda ficción, su segunda novela que nos muestra a un "James Bond malo". Sobre la obra:LOS LOBOS DEL CENTENO Esta obra, distinta a las que estamos acostumbrados en la literatura actual, es una novela de terror, o terror-misterio-suspense, donde se muestra a una población de la Galicia profunda en los años 20 del siglo pasado, que se ve amenazada por unas muertes inesperadas, brutales y que están fuera de lógica, recuperando a la vez la tradición legendaria como el lobisome (u hombre lobo), las Meigas o la Santa Compaña. Estos terrores que amenazan al pueblo se intentan desvelar desde un enfoque científico, aplicando el discurso científico, he aquí un elemento novedoso. Calificada como una obra costumbrista, Francisco Narla nos hace una disección de la sociedad gallega, de su quehacer y sus pequeñas cosas que son a la vez un sello de identidad, para crear un microcosmos, un mundo dentro de otro, un universo cerrado que vive ajeno y de espaldas a lo que acontece a su alrededor. Su estilo arcaizante nos remite a la literatura de finales del XIX y principios del XX, una adjetivación inusual nos infiltra ese regusto por lo antiguo y es que leer esta novela es una experiencia que nos conectará con aquellos libros que tanto nos han fascinado donde el lenguaje es también un protagonista y lo real y ficticio se equilibran a la perfección para proponernos una trama con final inesperado. La vida de un atormentado molinero, se convierte en una angustia vital que planea en toda la obra como los cuervos lo hacen por un cementerio abandonado donde la poesía y el terror se citan todas las noches de luna llena, al calor de las leyendas. A la vez se hace un homenaje a la cultura gallega que bebe de su pasado celta y que de alguna forma se reivindica haciendo alusión a símbolos como el triskel (símbolo solar con tres puntas lobuladas o redondeadas, elemento muy característico en la cultura gallega), se habla de los megalitos, de los castros o poblaciones celtas como una herencia que llega de lo más profundo del tiempo en una vieja Europa ya casi olvidada, pero que sigue estando patente hoy en día como elementos representativos de Galicia, de su pasado e identidad. Hacemos ahora un breve repaso por aquellas leyendas y realidades que son el esqueleto mitológico de los Lobos del Centeno. -La figura del lobisome o el hombre lobo, que ya ancla sus raíces en la tradición celta y que no es otra cosa sino el regreso del hombre a su estado más primitivo y primigenio en el aspecto más cruel y despiadado, ya que el hombre deja su humanidad para trasformarse en una bestia que devora sin piedad a todo el que se le pone de por medio. Es el instinto de supervivencia del lado más salvaje que todos portamos y que se muestra como una maldición. -La Santa Compaña, que se compone de una procesión de ánimas que caminan por las noches y que si te cruzas con ella, corres el riesgo de convertirte en un alma en pena que se incorpora a esta comitiva espectral. Aquí se nos da una pauta para decirnos que a veces, los planos entre lo natural y sobrenatural, se pueden romper y la muerte puede campar a sus anchas por la vida, ya que no existe una división clara entre los dos mundos. La referencia pagana se conoce como la cabalgada de Odín, mitología germana que nos habla de un ejército que desde las nubes secuestra a los incautos para llevárselos al reino de los muertos que son los mensajeros del otro mundo o el ejército del otro mundo. Otra versión de la misma se conoce como La misa de las ánimas, una ceremonia en la que si el espectador coge algún elemento de la misa -agua bendita, por ejemplo- se convierte en un alma en pena. -Las Meigas, tan populares por esta zona y que se pueden definir como las portadoras de conocimientos ancestrales sobre botánica, curaciones, predicciones y conjuros. Son las herederas ya degradadas de los druidas, los responsables de poner en comunicación al hombre con sus dioses, son los mediadores, el hombre (o la mujer), que controla lo humano y lo divino (y a veces lo demoníaco). Una adaptación pagana de antiguos cultos y ritos que tienen en la naturaleza su base y que son satanizados por una Iglesia que lo verá como una amenaza más que como un residuo del pasado. Para finalizar este artículo, os dejamos con un texto que pretende ser un hermanamiento con todas aquellas tierras y autores que tienen en la tradición mágica una calve para su creación artística. Desde las más centradas fronteras hasta los últimos límites de lo conocido, donde la cúpula celeste se derrama al caminar, yo te invoco dama de las sombras, dueña de las luces, señora de la locura, dadora del intelecto, matrona de lo divino en el hombre para que concedas en tus Pazos y llanuras, un resquicio de aquello que INTANGIBLE sólo algunos intuyen al despertar, el oro filosofal. Embriáganos con ese valioso elixir, invítanos a cabalgar por el espacio donde no existe más que lo imaginado, lo ilimitado; te invocamos diosa de las leyendas, tu que sabes confundirnos con la miel de la realidad creada, te veneramos, tú que engalanas las páginas con los mares de todas las magias. A ti te invocamos como estrecho vínculo del hermanamiento, diosa literatura, substancia etérea que da forma a la creación por la que se engendran aquellos mundos que dan sentido a este. Julio César Pantoja Torrijos
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Francisco Narla (Lugo, 1978). Nos presenta su primera novela LOS LOBOS DEL CENTENO, antes había escrito relatos, poesías y ensayos técnicos (relacionados con su trabajo, aeronáutica). Su profesión principal es la de piloto de transporte de línea aérea. De hecho, es en el desierto del Mojave (California), mientras volaba bimotores ligeros en plena noche, donde surge, de la “morriña” que sentía y del paisaje en plena noche del desierto, el germen de Los Lobos del Centeno.
Simbolismo del terror legendario